jueves, 26 de mayo de 2011

Un buen día lo tiene cualquiera.

Digamos que hoy es jueves, pero que ha sido como un viernes. La sensación de viernes invade mi cuerpo, así como el de mi compañero. Al salir del instituto, después de hacer un estupendo examen de formulación, todo cambia.
Llego a mi casa abrasada por el Sol de verano y como, una comida ligera. Después de comer nada nuevo, una ducha, vestirse.
Y después un tren de 4 minutos para ver a esa personita especial que hoy cumplía 16 años. Con mis amigas, fumando, un parque. Vuelta al tren, esa persona se va lejos de mí. Al llegar de vuelta a Torrelodones, vamos a casa de una amiga, estamos allí, tranquilas, sin pensar más que en que se gradúa otra persona especial, una hermana, pero no una cualquiera, la que más quiero, aunque más que nada porque es la única. Subimos al coche, mi amiga vestida elegante y yo completamente informal. Llegamos y pasa el tiempo, discursos, bromas, miradas, gritos, diplomas, horas y horas pasando. Después de todo eso, una comida, merienda, tentempié para todos, y más tarde, la mejor parte de todas. Estar con él, saber que va a decir cuando está con gente, saber que le conozco.Saber que no pierdo el tiempo sentándome con él  escuchando cada gilipollez que dice, sabiendo que tengo mucho que aprender de él. Y me llena una enorme sensación de bienestar, de viernes por la noche y de no querer parar nunca de volar, de sentir.
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Poder decir tranquilamente " he disfrutado del día de hoy", he disfrutado y que mañana llegue con sus broncas en clase de inglés, con la carrera de los 25 minutos, con el deseo frustrado. Pero hoy, hoy ha sido un día bonito y ha sido 26 de mayo de 2011.

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